jueves, 26 de febrero de 2015

El dilema del profesor

La profesión docente ha ido experimentado una pérdida de importancia en cuanto a consideración social a lo largo de los años muy importante (Esteve, Franco y Vera, 1995). Esto es debido a que estamos en una sociedad mucho más materialista y capitalista. Ésta relegación de importancia de la profesión docente puede provocar desmotivación en algunos de los docentes. Si a esto le sumamos el hecho de que en muchas ocasiones los profesores se sienten encerrados en una ley docente que no les permite llevar la enseñanza de la manera que les gustaría o creerían más beneficiosa para el alumnado, el problema no hace más que aumentar.
Si bien aunque el profesor quisiera enfocar sus clases de otra manera, por ejemplo atendiendo a las necesidades específicas de sus alumnos, es muy probable que no pudiera llevarlo a cabo o los resultados no fueran los esperados dada la falta de recursos en los centros docentes, por lo que si tiene un par de alumnos más rezagados que el resto, las dos alternativas que seguramente tendrá son: seguir adelante sacrificando el aprendizaje de este par de alumnos, o bien disminuir el nivel de enseñanza de toda la clase para que sea acorde a las capacidades del par de alumnos ya comentado.
Pero, ¿es realmente útil para la vida cotidiana todo lo que se enseña en la escuela? ¿cuántos de estos conocimientos conservamos en nuestra memoria pasados los años desde que estuvimos en la escuela? Realmente pocos, obviando las destrezas básicas como leer, escribir y la aritmética elemental, la mayoría de los conocimientos “se nos olvida”. En mi opinión, esto es debido a el sistema de enseñanza de conocimientos, a menudo teórico y basándose poco o nada en la aplicación práctica. Principalmente porque algunos de los conocimientos que se enseñan en la escuela no tienen aplicación práctica para la vida cotidiana, salvo para quien quiera dedicarse a alguna profesión científica o investigadora relacionada con estos aspectos. Cuantas veces no ha saltado un alumno en clase “¿Y esto para que sirve en la vida real?” Si bien es cierto que algunos conocimientos requieren de un enfoque más teórico, también podrían emplearse otros métodos de enseñanza que hicieran más fácil “digerir” dichos conocimientos.
El profesor se encuentra dentro de un entramado en el que se le dice según unas leyes y planes curriculares lo que debe hacer y lo que debe conseguir, siguiendo un sistema de enseñanza que hace difícil alcanzar dichos objetivos en ocasiones para todo el alumnado. Los alumnos son personas y cada persona es diferente, por lo que no responde igual a un determinado proceso de aprendizaje, pudiendo perturbar el orden de la clase y el riguroso plan de enseñanza. Es entonces cuando el profesor puede sentirse desmotivado y pensar que no vale para la enseñanza, pero esta situación puede sucederle a cualquiera en un momento determinado.
La enseñanza en el aula debería adoptar una posición más flexible, con una mayor interacción social con el alumnado, dejando que éste exprese sus opiniones y sugerencias, pudiendo llevar a cabo aquellas que enriquecieran el proceso de aprendizaje. Si no se permite que el alumno se exprese libremente (entendiendo que no es para alterar el orden mínimo y el clima de la clase) y se les trata como robots que están siendo meramente instruidos y deben memorizar, el aprendizaje será más tedioso y menos significativo, olvidando gran cantidad de los conceptos con el tiempo como se comentó anteriormente.
La labor del profesorado debería estar enfocada también a que espolearan la creatividad de sus alumnos, al menos más de lo que se fomenta a día de hoy, donde a asignaturas como las artes plásticas y la música se le da una menor importancia. De esta forma y con el sistema cerrado de las escuelas, basado en un aprendizaje de conocimientos utilizando unos libros con tipos de ejercicios cuadriculados que no incitan al pensamiento divergente, la creatividad e ingenio van disminuyendo en la mayoría del alumnado año tras año.
En líneas generales, pienso que el profesorado debería utilizar un sistema de enseñanza con algo más de base en la práctica, facilitando así el aprendizaje. Asimismo, debe fomentar la interacción social y enseñar unos valores y conductas que le sirvan al alumnado de cara a enfrentarse al mundo laboral y cotidiano posterior, permitiendo que cada alumno pueda integrarse en la sociedad lo mejor que pueda. Hay que ayudarse de los nuevos recursos TIC en el aula y usarlos de manera adecuada para que enriquezcan el aprendizaje y no sean perniciosos. Pero lo primero de todo, deben modificarse parte de algunas leyes para que todos estos cambios sean posible, no quitando importancia a los conocimientos científicos, pero sí equiparando la importancia de el aprendizaje de unos buenos valores y la integración del alumnado.


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