La profesión docente ha ido experimentado una pérdida de importancia en
cuanto a consideración social a lo largo de los años muy importante (Esteve,
Franco y Vera, 1995). Esto es debido a que estamos en una sociedad mucho más
materialista y capitalista. Ésta relegación de importancia de la profesión
docente puede provocar desmotivación en algunos de los docentes. Si a esto le
sumamos el hecho de que en muchas ocasiones los profesores se sienten
encerrados en una ley docente que no les permite llevar la enseñanza de la
manera que les gustaría o creerían más beneficiosa para el alumnado, el
problema no hace más que aumentar.
Si bien aunque el profesor quisiera enfocar sus clases de otra manera,
por ejemplo atendiendo a las necesidades específicas de sus alumnos, es muy
probable que no pudiera llevarlo a cabo o los resultados no fueran los
esperados dada la falta de recursos en los centros docentes, por lo que si
tiene un par de alumnos más rezagados que el resto, las dos alternativas que
seguramente tendrá son: seguir adelante sacrificando el aprendizaje de este par
de alumnos, o bien disminuir el nivel de enseñanza de toda la clase para que
sea acorde a las capacidades del par de alumnos ya comentado.
Pero, ¿es realmente útil para la vida cotidiana todo lo que se enseña en
la escuela? ¿cuántos de estos conocimientos conservamos en nuestra memoria
pasados los años desde que estuvimos en la escuela? Realmente pocos, obviando
las destrezas básicas como leer, escribir y la aritmética elemental, la mayoría
de los conocimientos “se nos olvida”. En mi opinión, esto es debido a el
sistema de enseñanza de conocimientos, a menudo teórico y basándose poco o nada
en la aplicación práctica. Principalmente porque algunos de los conocimientos
que se enseñan en la escuela no tienen aplicación práctica para la vida
cotidiana, salvo para quien quiera dedicarse a alguna profesión científica o
investigadora relacionada con estos aspectos. Cuantas veces no ha saltado un
alumno en clase “¿Y esto para que sirve en la vida real?” Si bien es cierto que
algunos conocimientos requieren de un enfoque más teórico, también podrían
emplearse otros métodos de enseñanza que hicieran más fácil “digerir” dichos
conocimientos.
El profesor se encuentra dentro de un entramado en el que se le dice
según unas leyes y planes curriculares lo que debe hacer y lo que debe
conseguir, siguiendo un sistema de enseñanza que hace difícil alcanzar dichos
objetivos en ocasiones para todo el alumnado. Los alumnos son personas y cada
persona es diferente, por lo que no responde igual a un determinado proceso de
aprendizaje, pudiendo perturbar el orden de la clase y el riguroso plan de
enseñanza. Es entonces cuando el profesor puede sentirse desmotivado y pensar
que no vale para la enseñanza, pero esta situación puede sucederle a cualquiera
en un momento determinado.
La enseñanza en el aula debería adoptar una posición más flexible, con
una mayor interacción social con el alumnado, dejando que éste exprese sus
opiniones y sugerencias, pudiendo llevar a cabo aquellas que enriquecieran el
proceso de aprendizaje. Si no se permite que el alumno se exprese libremente
(entendiendo que no es para alterar el orden mínimo y el clima de la clase) y
se les trata como robots que están siendo meramente instruidos y deben
memorizar, el aprendizaje será más tedioso y menos significativo, olvidando
gran cantidad de los conceptos con el tiempo como se comentó anteriormente.
La labor del profesorado debería estar enfocada también a que espolearan la
creatividad de sus alumnos, al menos más de lo que se fomenta a día de hoy,
donde a asignaturas como las artes plásticas y la música se le da una menor
importancia. De esta forma y con el sistema cerrado de las escuelas, basado en
un aprendizaje de conocimientos utilizando unos libros con tipos de ejercicios
cuadriculados que no incitan al pensamiento divergente, la creatividad e
ingenio van disminuyendo en la mayoría del alumnado año tras año.
En líneas generales, pienso que el profesorado debería utilizar un
sistema de enseñanza con algo más de base en la práctica, facilitando así el
aprendizaje. Asimismo, debe fomentar la interacción social y enseñar unos
valores y conductas que le sirvan al alumnado de cara a enfrentarse al mundo
laboral y cotidiano posterior, permitiendo que cada alumno pueda integrarse en
la sociedad lo mejor que pueda. Hay que ayudarse de los nuevos recursos TIC en
el aula y usarlos de manera adecuada para que enriquezcan el aprendizaje y no
sean perniciosos. Pero lo primero de todo, deben modificarse parte de algunas
leyes para que todos estos cambios sean posible, no quitando importancia a los
conocimientos científicos, pero sí equiparando la importancia de el aprendizaje
de unos buenos valores y la integración del alumnado.